Friday, July 07, 2006

El Pendrive (Cuento)

Pasó de mano en mano, todos querían tenerlo, ¡qué pequeño y monono! exclamaban, hasta que llegó a manos de Josefa, lo miró, casi lo hace pasar, pensó de pronto qué cantidad de cosas habían pasado por ellas, mas nadie sabía que muchos billetes también eran lo diario, ella manejaba harto dinero.
Sabía de cosas de grandes, tenía cierto estilo. No de niña pequeña, pese a su delicado cuerpo, sino algo más, que ella mordía en la impureza del malvado, ella se agotaba entregando su energía vital en esos arranques de necesidades que tiene los hombres a veces, ella desafiaba la moralidad impuesta por el profe de religión, era la raya del cuaderno de matemática.
-Si, los hombres pensaba, yo los conozco, qué cerdos algunos, qué tiernos otros.
La mañana avanzaba y los pocos loros que gritaban en la araucaria del vecino indicaban que la lluvia seguiría. Tomó el aparato y lo echó en un bolsillo de su poleron azul.
De lejos la miraba Bastián, quedó prendado de ella, le hacía señas que ella no respondía, pues sólo se dedicaba a mirar a los loros como gritaban en las ramas de la araucaria,
su mano buscaba ese aparato que le llegó a sus manos con sutileza y como a escondidas volvía a palparlo: era suave, pero frío, sentía ella sus dispositivos de diversas funciones, jugaba con él....

Los alumnos entraron a clases de a poco, los profesores avanzaban por el patio en direccion a las salas, muchas miradas trataban de cruzarse con la suya, mas ella se elevaba en las alas de esas palomas que escarbaban el patio buscando trozos de galletas que los niños en su apuro tiran al suelo, se fundía en una gota interminable que caía por la grieta de una canal de agua lluvia, se fijaba en las ramas de la vieja araucaria verde oscuro casi negro que quería abrazarla, tal vez sacarla de allí, pues no se merecía nadie el momento de ser ella misma, de jugar con su sola presencia, de cabalgar hasta morir sobre las piernas de un hombre, sólo suyas eran las culpas, de desgracias y alegrías, de que Pablo terminara con su polola la Rita, que Axel volviera a hablar después de tres largos años que tuvo de estar casi mudo.
El profesor de historia le preguntó algo, vagamente ella respondió .
-Niña estas en la luna.
El pizarrón se le apareció como un gran paisaje polar, con pingüinos y focas, con un helado viento, como el que empezaba a correr ahora...
La ramas de la araucaria rabearon fuerte contra los loros, era el viento norte que quería proteger tambien a Josefa, no obstante ella simplemente se limitó a sacar su nueva posesión : el pendrive, precio de una noche mas de amor.

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