Rostros curtidos por el sol,
altos, bajos, tristes y risueños,
estados de ánimo de esperanzas al amanecer,
de cansacio por la tarde,
sacrificio, palabra dura encerrada entre vehículos viejos y
otros no tanto, miradas agradecidas en la venta a la casera,
quién puede guardar la sombra de este instante,
quién sabe lo que ocurre alla en sus mentes,
me seduce la idea de recordar ese tiempo de ustedes
marcado por todas las epocas, donde siempre encuentro,
esos mismos rostros, ayer el abuelo hoy el nieto, mañana el hijo.
que debo construir con mis versos,
no sólo una geografía, sino un aire de nostalgia,
una mirada de afecto, un saludo de manos gastadas,
Toda una vida se escribe entre sus puestos,
toda la lluvia no los hace titubear,
sólo los refresca para seguir,
nada puede detenerlos, es así,
en esta escalera de la vida,
de peldaños largos y que agotan las piernas,
laceran el animo y esconden la pena.
Ya por el medio día se les puede ver,
algunos rebozantes otros preocupados,
es la escuela que no te enseña a sobrevivir aquí,
qué producto es el que quiere comprar el paseante,
qué flor se deberá poner en la mesa,
qué reconocimiento se le debe,
es un sueño de querer recibir el pago de ese trabajo,
qué más que eso es el premio,
por ser como son , rudos, fuertes, gentes del tiempo.
Y la historia se empieza a cerrar,
después del mediodía , viene la otra parte,
la que no se ve bien, esa de guardar, desarmar,
es como un juego monótono,
es una espera del niño,
de que chico observa a su padre, o abuelo quizás,
como su puesto empieza a desarmar,
La calle se empieza a vaciar es la hora de volver,
es tarde, son las tres , hace hambre, hace sed,
la tarde se va comiendo este evento de los jueves,
este sentir de tantos que los ven llegar, armar, vender, vivir,
y luego regresar en la vieja camioneta.
La calle se ha quedado casi vacía,
gruesos chorros de agua,
salen del camión cisterna, ya se han ido,
Se han marchado.
Los feriantes se han ido..
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