Saturday, August 26, 2006

Las Mejores (cuento)

De lejos se escuchaba su vocear , fuerte, como el ruido de un loro de circo de esos que estan muy estresados por motivo del encierro.
La masa humana te lleva, te envuelve, te aprisiona y esa disculpa burda por pasarte a llevar resulta como una galleta chica de esas que te dejan solo el gusto.
Los carros , las bicicletas, los niños una abuela , de donde saldrá tanta gente.
La mejores, las mejores....
Se escuchaba su grito casi lastimero, llevelas caserita, las mejores.
Un hombre de aspecto delgado, empuñaba un atado de cebollas, que semejaban las cabezas de pequeños hombres, como esos que reducen cabezas en el amazonas.
En este mundo intimo de las ventas muchos se pasean como buscando no se que, o será que no los aguantan en la casa.
Miran y pasan desde atras de los humildes puestos son observados por los ferianos, a veces les tiran una talla: ya viene la familia Miranda y anda sin plata, ja ja ja...
Se rièn la pasan bien en ese mundo muy de ellos, celosos de su cultura , hombres y mujeres llevan una vida y otra , sacando papas de los sacos, ordenando atados de ajos, mojando lechugas con el afan de que se vean mas frescas , mundo que tiene su propia poesìa de mujeres dandole pecho a su bebe y a la vez vendiendo aliños, sano pensar, mejores ocasiones de vender y poder tal vez salir de este hoyo, tan negro que es la existencia, rostro de aspecto positivo, morenos, desgastados, en busca de su oportunidad para vivir mas dignamente.
cuantos desvelos de mañanas frìas, de sucias manos, de mojados rostros , curtidos por el tiempo y la lluvia.
Cuanto tiempo que existe la feria, uffff, desde que aprendì a razonar la conozco,
desde carretas de caballos a camionetas, desde carros tirados a mano hasta triciclos, todo sirve, en este movimiento que dura poco mas que una mañana.
Raymundo, mas animado por el gentìo vovia a repetir su letanìa, su coro, su mejor poema a las cebollas que quietas y en atados de a cuatro, con tono cafezoso brillante, permanecìan en el suelo.
Las mejores, las mejores...su voz enronquecìa por el esfuerzo.
Patroncita, llevelas, pàl dieciocho, duritas mis cebollas,son las mejores, explicaba mientras una señora de edad madura le compraba su producto.
Ella comentò, que bueno verlo otra vez aquì, el la mirò y luego se excusò.
Si es que estaba un poco enfermo patrona.
Entonces no le ponga mucho jarabe, para que no se enferme tanto, le dijo la señora haciendo un ademán como de enpinarse una botella y a la vez mirandolo por debajo de sus gafas.
No si ya no le hago dijo Raymundo, eso es el pasao patrona.
La mujer se alejò, Raymundo la observò hasta que se perdiò entre la gente.
Luego se sentò en el suelo, y estuvo callado un rato, luego mascullò, si ella supiera, si supiera...
La sombra de Cecilia se le vino a su mente y trato de descubrirse, algo asì como mirarse a si mismo, se acerco a un espejo de la camioneta vieja y gastada de su vecino de puesto, lo limpio con la manga y observò por un rato a ese hombre joven, con cara de viejo asustado, canoso, un poco sucio. No hubo un gesto de su cara, solo se miro al espejo por un buen rato, le habìa crecido la barba, estaba mas flaco, las penas serìan, donde estarìan sus hijos ahora, su mujer, bah, si ya no la tenìa, su recuerdo era otro espectro mas en ese mundo del espejo, su pasado era otra silueta,arrendada en el escenario de la Feria, esa era su compañera, allì el ocupaba un puesto,
y aunque de repente se cayera al frasco, allì lo respetaban, ese era su mundo, a la mierda la vida si el era feliz entre sus cebollas, lo interrumpio una señora para preguntar el precio, la que lo sacò de sus cavilaciones, luego se pasò la mano por el cabello, y siguiò en su letanìa, las mejores, las mejores...

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